8 feb. 2014

Me agrada y a la vez desagrada.

Cómo puede ser, me lo pregunto diariamente pero nunca obtengo una respuesta racional.
Aunque tengo claro que el té me gusta caliente pero me desagrada frío. Hablamos de lo mismo, simplemente en diferentes formas.
Pues bien, me gustas, aunque especialmente cuando me sonríes, cuando me guiñas el ojo, cuando me haces reír, cuando me miras y no soy consciente, cuando me haces sentir mariposas, cuando sabes que algo no me gusta y lo dejas de hacer solo para complacerme, cuando me haces sonrojar, cuando sabes que tengo frío y me prestas tu chaqueta,  incluso me gustas cuando me chinchas. 
Pero a la vez me desagradas cuando me haces llorar, cuando me haces sufrir, cuando espero demasiado de ti y nunca ocurre nada, cuando no me besas a pesar de que lo desee, cuando me haces enfadar, cuando nos gritamos pero sobretodo no me gusta que no nos hablemos.  
Si te das cuanta, adoro el amor y desprecio el odio, pero si reflexionamos, entre el té caliente y el frío encontramos solo unos minutos de diferencia, pues entre el amor y el odio lo mismo. 
Y si algo tengo claro es que no me gusta el té recalentado, es más, lo desprecio, el sabor ya no es el mismo y te preguntas cómo dejaste que se enfriase.

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